Por: Gemma Esmeralda Alvarado Carreño
En modo resumido, el comercial aborda toda una mini historia acerca de una mujer que roba algo y al momento pareciera que fueran a arrestarla y aparece un eslogan diciendo “la culpa de comprar, se me quita al estrenar”, después se supone que la mujer es arrestada y en la escena que aparenta un interrogatorio aparece otro eslogan diciendo “si me preguntan dónde lo compré, te juro que no me acuerdo”. Después la mujer al parecer escapa y después de varias escenas llega a una tienda que está cerrada, o al menos esa impresión da, y ella contempla un vestido dorado y al final aparece un último eslogan diciendo: “La felicidad existe, hay que saber dónde encontrarla”.
El mensaje que pretende emitir el comercial es claro, se reduce a la premisa de que todo lo que te hace feliz en esta vida es buen atuendo en pocas palabras.
Basándonos en la bibliografía de Prieto (1984), sería más que obvio señalar que la intencionalidad como la de la mayoría de los spots publicitarios del mundo, mantienen una intencionalidad mercantil, explicándola Prieto de esta manera: “ Dado que existe la mercancía, el papel del mensaje consiste en agilizar la relación con la misma a fin de que circule el capital que está en la base de un mercado […] El perceptor es tomado siempre como un comprador y de lo que se trata es, precisamente, de persuadirlo para que compre”.[p.23]
Dado el tipo de sociedad y de vida en la que vivimos, donde vales más si tienes más recursos, no es de extrañar que distintas marcas comerciales, busquen métodos más inteligentes a veces de vender productos, en su mayoría completamente innecesarios, por medio de comerciales. Algunos otros no lo son tanto y se mantienen con mensajes muy burdos y sin un buen concepto.
En el caso del comercial elegido, se considera necesario primero más que nada, analizar dos cosas: 1) que productos se ofrecen y 2) a que sector poblacional va dirigido, para entonces poder llegar a una conclusión. Si bien este tipo de tiendas como es Palacio de Hierro y demás, que son en extremo caras, venden la idea superficial de que sus prendas son de estilo único, y que dichas prendas te darán un estatus como parte de una sociedad consumista. Esta idea dentro del comercial es bien vendida, pues a lo largo de la historia (que cabe aclarar, está demasiado producida) se ven los distintos conjuntos que se supone el público notará que es lo que se ofrece en el comercial. Basándose en esa idea, al menos en México, tenemos a estas tiendas bajo el concepto de que nadie de una clase media puede darse un lujo como realizar una compra en este tipo de tiendas. Inclusive todos saben que se amparan para sus ventas bajo la falsa esperanza de las ofertas de fin de año y demás trampas que engatusan clientelas y las endeudan con créditos por varios años. Por tanto, dado que a ninguna tienda le gustan las ofertas, Palacio de Hierro dirige claramente su comercial a aquellos clientes que si pueden pagar las estratosféricas cantidades que se piden. A partir de eso se puede pensar, porque usan ese tipo de mensajes, que si bien, son concisos y no te hacen pensar en nada, también son honestos, pues no se van por la tangente como otras marcas, sobre sus precios ni otras cosas. Ellos saben bien a qué tipo de público se ofrecen y no dan pie a lo económico en sus comerciales, sino que atrapan a aquel público, interesado en la moda, y el glamour si es posible decir algo así, para que inclusive, aquellos que pudieran no tener un acceso económico a esto, se vea hechizado por las prendas y las supuestas sensaciones que dicen tener en sus prendas, pues comparan la felicidad con un vestido nuevo.
Lejos de la excesiva frivolidad de la marca (como muchas miles que existen en México al menos) sería necesario, más bien admirarnos, porque no es una marca que nos mienta en sus comerciales, no nos hechiza con mentiras de sus productos, ni se dirige a aquel público que no se puede pagar algo como lo que ofrecen, sino que saben a qué público va su producto, y no solo eso, venden una idea, que si bien pudiera ser en extremo absurda, la sociedad consumista del siglo XXI permite que ese tipo de pensamientos llenen la cabeza de aquella población con ciertos recursos para desperdiciar los mismos en productos en otra cosa más valiosa que la vanidad (segundando a lo económico). Entonces, no es de extrañarse la marcada congruencia, y cabe decir también, la creatividad que la marca siempre ha tenido en su publicidad, manteniéndose bajo la misma temática, pero realzando siempre la misma idea de consumo.
Para muchos que analizan de forma crítica ese tipo de comerciales, les podría sorprender el sumo éxito que llegan a tener tiendas como estas. Sin embargo la dinámica social a nivel mundial, demuestra y en algunos casos desgraciadamente, orilla a las personas a la compra y venta de todo tipo de cosas, es decir hace que las personas compren la idea de que mientras más consumas, más feliz serás y más resuelta tendrás la vida, sino consumes, por tanto no vales en la sociedad, y entonces si no vales, prácticamente no existes al menos dentro de esta dinámica monetaria.
Por último, para cerrar, en manos de la perspectiva de la comunicación, podríamos decir que este y muchos comerciales más, dan el mensaje correcto y se mantienen bajo el mismo código y marco de referente, si lo analizamos desde su óptica, y no habrá duda alguna, de que su mensaje llega correctamente al receptor. Sin embargo, y viéndolo también desde sus ojos y desde una opinión muy personal, pareciera que este tipo de comunicación resultaría ser la más barata, dentro de la interacción social que mantiene el ser humano. Pero a fin de cuentas, es el reflejo de la cotidianeidad del mismo y de la perspectiva de vida que se mantiene hoy día.
Referencia:
- Prieto, D. (1989) Discurso Autoritrio y comunicación Alternativa. Premià: México
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